Aquí está Marta, que no es Marta, es otra, pero nadie sabe quién es esa otra, es más, ella tiene a varias otras pero aún no se ha quedado con ninguna. Duerme pastillas y sueña realidades diversas según las dosis recomendadas de sus psiquiatras. A Marta nunca le han dicho su diagnóstico, pero sí sabe que ha engordado más de treinta kilos por la medicación, que no puede moverse cual danzarina de agua y que sus ojos se pierden por todas la direcciones de todos los horizontes. A veces, esa mirada que naufraga acierta con la mía y me reconozco. Estoy más cerca de eso, que de los ojos autómatas que juegan entre pantallas.Pero cuándo le pregunto a Marta porqué toma pastillas, me dice que si no se volvería loca, gritaría y no la querrían en esta sociedad. Esta sociedad no quiere a los que gritan.Tampoco a los loc@s. Prefiere a los que planean conocerse, a los que estructuran cada mañana de su mañana.En cambio yo y otros yoes te queremos a ti Marta -Martas, te queremos con pastillas porque no te conocemos sin ellas, pero hay un yo mio al que le gustaría quererte también, sin ellas y con tus gritos, y al que le gustaría que esta sociedad a la que pertenecemos también lo hiciera.