Ahí está, con su bastón y su resistencia. Cada vez que lo veo irse por la noche, dudo si lo veré al día siguiente, dudo por mi (nadie se salva) pero también dudo por él, porque está más cerca de la tierra y pronto la gravedad ganará la batalla al bastón que lo sostiene. Pero un día más me sorprende, aparece con un aire renovado, ganando una nueva cruzada o por el contrario, estando más cerca de la derrota al fin. Le han dicho mil veces si quiere cambiar de comedor social al que va, por otro donde vayan más personas mayores y se niega. También lucha aquí, con su existencia, demostrando que la vejez y la soledad también pueden ser parte de cualquier espacio, con otros más solos y más jóvenes. Lee el periódico cada día, porque aún le preocupa cómo está el mundo. Pero aunque lea, no escucha, sólo habla. Un día cualquiera, su lengua se apoderó de su mente y venía excitado a saber porque la gente ahora hablaba bien de los rojos, que a su padre le habían matado los rojos. Después, nombró a su madre y "pobrecita" y vi como la contemplaba con la edad de ahora, pero ella permanecía con la edad de madre...Quise decir algo porque yo también hablo bien de los rojos, pero callé. A veces, lo único que le digo es que está guapo y él siempre contesta; - ahora no, pero antes sí...anhelando una suerte pasada. Debe ser así la belleza y la juventud, tan efímera como el sol cuando está a punto de ser tragado por el mar. Siempre me alegra verlo un día más, resistiendo la lluvia, el invierno y lo que haya de comer. Es tan parte de nosotros y a la vez tan ajeno, no sé si ajeno porque ajena es la muerte o porque nosotros hemos hecho ajena la vejez. Cuando lo miro, recuerdo el atardecer, sus sombras, sus colores fundiéndose en algo desconocido...él debe saber mejor que yo dónde está yendo y aun así ignoramos esa parte del camino. Esa parte, sabia y tierna, capaz de despertar la misma compasión y rechazo, como cuando llega la noche y el frio. Hay quienes tienen la suerte de tener un buen abrigo y otros como él, Maño, que los abrigará el recuerdo de un tiempo pasado, la sombra de una madre, el periódico del día siguiente y un yogur más de la cena. Las simples cosas también cuentan para una vida. Gracias por recordármelo, cada anochecer.