"Te digo algo; Ya a estas alturas, a uno le da igual que sea hombre o mujer, sólo espera que esta última parte de la vida, le pueda dedicar su amor a alguien. Dar todo lo que me queda. Sus aventuras no me interesan, pero sí compartir el día a día; un cine, un viaje... ¿ te apetece un bolero? -Siempre.-¿Piensa en mi? Es un artista. Tiene el sentido de Belleza impregnado en su piel y en su cotidianidad. En su pasado fue de la farándula y guarda sus fotos de aquella época en un álbum bien cuidado, como un tesoro que permanece escondido y sale a flote algunas veces al año. Bibi Anderson, Sara Montiel y otras ya olvidadas, se suceden en imágenes de una página a otra, cómo las noches de éxito y las mañanas de resaca. Luego, la verdad del ahora. Aquella época de lentejuelas, baile y disfrute se convirtió en soledad enferma y un vacío agotador. Aunque algunas mañanas está bien, entonces vuelve el baile y nos deleita con su sentido del humor, no apto para todos los gustos....- "Que ambiente, que ambiente!” Dice mientras recoge su bandeja del comedor social. Incluso en estas situaciones no agradables por las que el sistema obliga a pasar, siempre hay un hueco para reír.Esa parte de luz que entra por las rendijas más oscuras. La misma luz que quiere que le acompañe en su oscuridad final, la de dejar el legado de lo que uno es, en unas manos que continúen el recuerdo. El testamento de las vivencias compartidas; algún atardecer en algún banco y tú improvisando con el gentío ataviado de bolsas que pasa, sabiendo que en el fondo estás impregnado los ojos que te ven, de imágenes que volarán a otros ojos y pasarán a palabras y se irán a otras bocas... Si fuera por mi, esta tarde de lluvia encajaría todas las piezas y te pondría eso que buscas hoy mismo, en la terraza llena de plantas que atesoras en ese barrio escondido. Entonces, tendrías la compañía que sueñas para chismorrear del vecino, contemplar la luna y despertar con la temperatura de primavera todos los días. Aunque el puzzle no encaja siempre, ya sabes, una esta dispuesta a casi todo y entonces siempre hay un casi que impide el todo. Cuando eso sucede, pongo otro bolero de Chavela y me acompaña el recuerdo o el anhelo de lo no vivido y la recuerdo a ella y su anhelo. Imagino si en su noche infinita cerro sus ojos mirando a otros, y si no fue así, conociéndola, ganas no le faltaron. Es el gran deseo, une ricos y pobres, orientes y occidentes, amar a alguien hasta el final o por lo menos en el final; decir todo lo que no se dijo, atreverse todo lo que no se atrevió, querer todo lo que se guardó. La gran estación de espera dicen algunos, que nos mantiene alejados de iluminaciones varias, y aunque seguramente sea cierto, te confieso una cosa, mientras sea ese el lugar sin clases que nos une, algo me dice, y quizás sea la voz de Chavela, que no todo esta tan perdido.